"La etnicidad"

Una cualidad sobresaliente de la cultura latinoamericana es la gran variedad de agrupaciones étnicas que la compone. El término «étnico» sirve para referirnos a grupos de gentes que se diferencian entre sí en una o más de las categorías siguientes: costumbres, raza, religión, nacionalidad e idioma. En nuestra discusión queremos evitar la confusión de los términos «étnico» y «racial», pero, al mismo tiempo, reconocemos que las consideraciones raciales frecuentemente forman parte de las clasificaciones étnicas. Por ejemplo, los tres conjuntos que han dominado históricamente el mapa étnico de América Latina-los peninsulares (españoles y portugueses), los indígenas y los negros-representan diferentes grupos, tanto raciales como étnicos. Cabe notar aquí que la raza es solamente un ingrediente de la etnicidad y no es necesariamente definitorio.
 

Los europeos:

Generalmente, los elementos más duraderos que transfirieron los españoles y portugueses al Nuevo Mundo fueron la lengua, la religión cató1ica y una jerarquía de valores pronunciadamente etnocéntricos que incluía, en particular, la convicción de la superioridad innata de su modo de ser y de percibir el mundo.


Los indígenas:

El segundo componente étnico, el indígena, incluía culturas que variaban desde las muy primitivas y seminómadas, como la tupí-guaraní de Brasil y de Paraguay, hasta las muy adelantadas y establecidas, como la azteca, maya e inca. La variedad de niveles culturales que diferenciaba a los indígenas se expresaba, además, en la cantidad de lenguas diferentes que hablaban, las cuales, muchas veces, eran in-inteligibles fuera de los confines de la tribu. Las civilizaciones indígenas, entonces, no eran monolíticas, sino que variaban marcadamente entre sí.

Sin embargo, hay varios atributos étnicos generales que podemos señalar entre los indígenas. Las creencias religiosas, por ejemplo, tendían a ser animistas y politeístas. En casi todas las religiones indígenas se veía (y se ve todavía) el temor a los dioses, de cuyo poder todo dependía. Se veía también la reverencia hacia toda la creación-animada e inanimada-de la cual el indio se consideraba una parte integrante. Esta actitud produjo un fuerte choque con el concepto cristiano de la centralidad del ser humano frente a la creación y con la idea de que el mundo natural existe para su explotación.

Varias sociedades indígenas, como las de los aztecas y de los incas, tenían una organización teocrática, en la cual se unían el gobierno y la religión. Lo inextricable de estas instituciones en tales culturas y la presencia penetrante del misterio, el miedo y la magia, apoyaban tanto la armonía en que vivía el indio con el mundo natural, como su dependencia total de las fuerzas naturales y de los dioses que las controlaban. Usualmente se consideraba a los magos y sacerdotes indígenas entre los más aptos para gobernar, porque se creía que ellos tenían poderes especiales para interpreter la voluntad de los dioses del cosmos.

Por lo general, los indígenas tenían un concepto comunitario, no individualista, de la organización social. El énfasis en lo colectivo se veía en la tendencia comunal de la tierra, como en el ejido en Mexico y el ayllú en Perú. También se veía en la subordinación de la voluntad individual al bienestar colectivo. En las culturas aztecas e incaicas, por ejemplo, la dedicación a la empresa común se aseguraba a través de un sistema rígido de castos sociales, en el cual las transgresiones individuales, como el robo y la pereza, se castigaban severamente.

Como se puede ver fácilmente, estos rasgos distintivos de las civilizaciones indígenas, y los de los españoles y portugueses, tenían que enfrentarse sangrientamente, porque ambos expresaban en su organización, creencias y prácticas, dos visiones del mundo diametralmente opuestas.
 

Los africanos:

Históricamente, el tercer contingente étnico importante fue el de los africanos, quienes fueron importados en la época colonial para trabajar en las minas y plantaciones, porque se creía que físicamente podían resistir mejor que los indios, ya diezmados, las penurias de la servidumbre.  Los esclavos vinieron de todas partes de Africa y fueron llevados, en su mayor parte, a Brasil y al Caribe-a Cuba, Puerto Rico, Venezuela y Colombia, por ejemplo-pero también a varias áreas de Mexico, Centro America y Perú.

Las diversas gentes africanas que fueron trasplantadas a America Latina no hablaban ni español ni portugués, sino varios idiomas africanos como el yoruba, male, dahomey y sudanés. El español y el portugués se han enriquecido con las diferentes lenguas africanas, especialmente en los nombres que se han dado a una multitud de comidas, plantas y animales del Nuevo Mundo.

Los africanos trajeron consigo sus creencias religiosas que eran, en su mayor parte, animistas y fetichistas, como lo eran las de los indios, pero también incluian prácticas y ritos islámicos traidos por los musulmanes africanos. Es irónico notar que, por lo menos en el caso de algunos musulmanes, varios esclavos llegaron con un nivel cultural más alto que el de sus maestros españoles y portugueses. El folklore, la música y las danzas rítmicas de Africa, las cuales se asociaban con las ceremonias religiosas, son características étnicas bien conocidas. Tal vez el rasgo más distintivo de la cultura de los africanos es su gran elasticidad y persistencia ante la degradación histórica y prolongada de la esclavitud, que, por ejemplo, no fue abolida en Brasil hasta 1888.

Ya hemos mencionado que estos tres grupos diferentes no se quedaron aislados entre sí. Desde la Conquista hubo mestizaje, o sea mezcla de razas, primero entre los peninsulares y los indios; después entre aquéllos y los negros. A través de los siglos el mestizaje ha producido matices sutiles de innumerables combinaciones raciales. Ha sido tan extenso que hoy la gran mayoría de la población de América Latina es mestiza y expresa de maneras muy variadas las características étnicas de las tres estirpes principales.
 
 

El indigenismo:

Es apropiado mencionar aquí el indigenismo, un movimiento político, cultural y literario importante en America Latina, que tuvo su apogeo en las cuatro primeras décadas de nuestro siglo. El indigenismo, que era más fuerte en los países de gran población indígena, como México, Ecuador y Perú, tenía como fin la denuncia de la triste situación del indio, empobrecido y denigrado, y la incorporación de éste a la vida nacional de una manera significativa.

Este movimiento formaba parte de una preocupación generalizada por la identidad cultural nacional y tendía a glorificar el pasado indígena como inspiración orientadora para el presente. Por ejemplo, el movimiento muralista en Mexico, representado par artistas como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, comunicaba visualmente el mensaje nacionalista indigenista del valor del legado precolombino y de la falta de autenticidad de modelos foráneos para la vida nacional. El indigenismo glorificaba al indio del pasado, como el gran héroe azteca Cuauhtémoc.  Exponía también la codicia y la crueldad de los blancos hacia los indios, especialmente en la expulsión de éstos de sus tierras comunales. A pesar del indigenismo, por lo general, en los países y regiones donde existió la esclavitud negra tanto los indios como los negros se encuentran todavía en el nivel más bajo de la pirámíde social. Aunque persiste la situación inferior del indio, el indigenismo ha contribuido mucho a la concientización de su problemática. El movimiento nos enseña también la importante relación entre etnicidad e identidad nacional.
 
 

Los imigrantes:

Un factor final que es preciso señalar para completar nuestro cuadro esquemático es el número considerable de inmigrantes que han venido a America Latina desde mediados del siglo XIX, especialmente desde la década de los años veinte de este siglo. Inmigrantes de Italia, Austria, Alemania, España, Irlanda, Portugal, Libano y Turquía, entre otros lugares, han afectado notablemente el caracter étnico y cultural de América Latina. Aunque Brasil, Uruguay, Argentina, Chile y Mexico sean los países adoptivos de la gran mayoría de los inmigrantes, éstos se encuentran en todas partes. Muchos inmigrantes vinieron con el fin de trabajar en las fincas rurales; otros, para ganarse el pan como obreros industriales. Y otros más, como los numerosos judíos europeos e intelectuales españoles que se exiliaron durante la guerra civil española (1936-39), vinieron huyendo de la persecución. Varios miembros de este último grupo han contribuido enormemente a enriquecer la vida intelectual con la fundación de casas editoriales, como la famosa Editorial Losada en Argentina y en México, y mediante su incorporación a los ámbitos universitarios de varios países latinoamericanos. En su totalidad, los grupos inmigrantes han aportado elementos de su cocina, arte, música, religión, idioma y preparación intelectual para enriquecer el ambiente cultural de las ciudades, y de menor escala, de las provincias.
 

¿Crisol o cazuela?

Hemos conceptualizado nuestro cuadro étnico principalmente en términos históricos y hemos hecho resaltar el concepto de la mezcla y la síntesis a través de las épocas. Desde este punto de vista, podemos expresar la etnicidad con la metáfora del crisol.   Pero hay otra perspectiva, igualmente válida, sobre la temática, para ilustrar la cual la imagen de una cazuela sería más apropiada.  Visto desde este ángulo, muchos y diferentes ingredientes se agregan al mismo guiso, pero aunque juntas, cada uno retiene su carácter particular, lo cual da sabor más rico al plato.